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La Fundación tiene entre sus objetivos difundir el buen pilates y cuidar la salud y el bienestar desde la prevención. // 21 de Agosto de 2014

Pilates y Asperger: Sobre Pilates, trenes y Doritos

Por Paloma Martínez, presidenta de Asperger Madrid (www.aspergermadrid.org) y madre de Alberto Reviejo, participante en el curso “Pilates y Asperger”.

- Pregunta del Jueves por la tarde: “Hola, Mamá, hoy muy bien en el colegio, ¿quién me va a llevar a Pilates mañana: tú o papá?” Yo, hijo.
- Pregunta del Viernes por la mañana: “Mamá, ¿quién me va a llevar a Pilates hoy: tú o papá?” Yo, hijo.
- Pregunta del Viernes a las cinco: “Hola, Mamá, hoy muy bien en el colegio, ¿quién me va a llevar a Pilates hoy: tú o papá?” Yo, hijo
- Conflicto del Viernes a las cinco y diez: “Vamos, que nos tenemos que ir a Pilates, que te esperan” ¡No, no, yo me quedo…!.

Los expertos llaman a esto “resistencia al cambio”, y es algo muy común en personas con Síndrome de Asperger, como también puede serlo el repetir muchas veces las mismas preguntas, aprender a leer solo o tropezar al saltar a la pata coja. Como yo ya me lo sé, no le hago ni caso, le hago coger su libro de Gormitis (o de trenes según el día), y salimos de casa con la promesa/chantaje/incentivo de comprar una bolsa de Doritos si Carlos nos dice al final de la clase que se ha portado bien. Conseguir moverle sería más difícil si fuéramos andando, ya que desde hace un par de meses mi “pequeñín” es más alto que yo y se me resiste, pero como podemos ir en tren de cercanías, el mundo es maravilloso y conseguimos llegar a la estación de Recoletos en un momento. Salir de ella ya nos cuesta más porque hay que pasar revista a todos los trenes que llegan, pero la promesa de los Doritos obra nuevamente maravillas y, después de saludar a la Cibeles, al Ayuntamiento de Madrid y a todos los autobuses que circulan por el Paseo del Prado, llegamos por fin a nuestro destino. Hay que obligarle a saludar a Carlos, Juan y el resto de voluntarios y trabajadores, porque lo primero que hace es inspeccionar todo el edificio (precioso, todo hay que decirlo), y aparentemente no hace caso a nadie. Pero inmediatamente viene a contarme quién no ha venido todavía, y me pregunta muy preocupado que dónde está mi profesora. Porque, por una vez, las sufridas madres tenemos también nuestra oportunidad de hacer algo productivo y adentrarnos en los misterios del “Table top” y el “Reformer”. Mientras esperamos a que vengan todos, nos vamos enterando de los proyectos de unos y otros sobre películas de ciencia ficción, vídeos educativos y el funcionamiento interno de un DVD, bajo las miradas fascinadas de los voluntarios. Una hora más tarde (mucho más flexibles y estiradas que antes, dónde va a parar) recogemos a nuestros retoños; Carlos ha dicho que el mío está avanzando mucho y cada vez es capaz de realizar más movimientos, así que hay premio.

Viernes, a las siete y cuarto, con la bolsa de Doritos en la mano por el Paseo del Prado:
- “Mamá, tengo una idea: el año que viene cambiamos y vamos con Ana (terapeuta) los viernes y después a Pilates. Así vamos directamente desde la estación de Vallecas, El Pozo, Entrevías, Atocha y Recoletos todo seguido. ¿Te parece una gran idea?”
- “Me parece buena, pero es que con Ana sales a las dos, y Pilates es a las seis, es mucho tiempo entremedias.”
- “No pasa nada; podemos comer un bocadillo en el bar de la estación de Vallecas”
- “Vale, pero ¿tú quieres continuar con Pilates?”
- “Sí. ¿Qué te parece mi idea? ¿A: Buenísima, o B: Malísima”?
- “La A: Buenísima, por supuesto…”

Alberto con su madre Paloma y el equipo de Pilates W&E.


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